Sentidos y Sensibilidad
“Pero Esaú corrió a su encuentro y le abrazó, y se echó sobre su cuello, le beso; y lloraron”
Génesis 33:4
“Pero Esaú corrió a su encuentro y le abrazó, y se echó sobre su cuello, le beso; y lloraron”
Génesis 33:4
Dios no quiere que su pueblo se relacione entre sí a la distancia o a través de otras personas. La relación genuina involucra comunicación personal. Como dice Éxodo 33:11: “Y hablaba el Señor con Moisés cara a cara, como quien habla con un amigo” (ver también 2 Juan 12). Si este es el ideal de una verdadera amistad, es también el ideal para una relación que se ha roto por un conflicto y necesita ser restaurada. Si bien otras personas pueden a veces ayudar a iniciar el proceso de restauración, su fin último debería ser una reunión personal y cara a cara entre quienes se han distanciado, de forma que puedan expresar y confirmar el arrepentimiento, la confesión y el perdón, y experimentar juntos la gracia y la reconciliación de Dios.
Tomado del libro “El Pacificador: Una guía bíblica a resolver conflictos personales” de Ken Sande, Edición Actualizada (Grand Rapids, Baker Books, 2003) p. 101
Alimento para la Paz
¿Se relaciona usted con otros cara a cara o de pantalla a pantalla? ¿Por qué?
Vivimos en la era de la conexión. Estamos conectados vía correo electrónico, el Internet, los celulares, Blackberries, y los iPods. Y esas son sólo las vías que me vienen a la mente. Estar conectado está siendo catalogado como una necesidad de vida, junto a la alimentación y un hogar. Pero aún con todos los beneficios (que son muchos) que estas tecnologías nos ofrecen, solo nos conectan a distancia. Y nos aislamos en un país lejano.
Como Ken nos señala, lo ideal para una amistad o relación de cualquier naturaleza, es hablar cara a cara. Dios no quiere que su pueblo se relacione entre sí a la distancia o a través de otras personas. Note la belleza física imperante en Génesis 33:4. Cuando Jacob recibe un abrazo; ¿alguna vez ha sentido el calor de un abrazo desde su iPod? Esaú lanza sus brazos alrededor del cuello de Jacob; es un poco duro sentir los ásperos y peludos brazos de tu hermano por medio de un teléfono celular. Esaú besa a Jacob; pregúntele a cualquier enamorado si prefiere experimentar las sensaciones táctiles de un beso o un correo electrónico lleno de animaciones. Y luego los dos hermanos lloran; el Internet puede aumentar el nivel de información en nuestras cabezas, pero ¿puede lograr que barreras de defensa sean destruidas, para que de nuestros corazones broten lágrimas de reconciliación?
Es fácil culpar a estas herramientas, como si ellas fueran el problema. Pero no, el problema está donde siempre ha estado, en nosotros. Preferimos la distancia al acercamiento, y la oscuridad en vez de la luz. Estas herramientas solo nos ayudan a hacerlo con estilo. Andamos por la vida, con objetos en nuestros bolsillos, dándonos palmadas en las espaldas, creyendo que realmente estamos conectados. Pero mirando de cerca a los ojos es donde se revela nuestra alma; estamos solos y preguntamos por qué. Tal vez todos necesitamos uno de esos momentos como el prodigo, “cuando volvió en sí” (Lucas 15:7). El verdadero sentido, como Dios lo ha diseñado, volverá a nosotros a través de los sentidos. Esto significa estar lo suficientemente hambriento como para sentir el dolor en su estomago, o tal vez su corazón. Significa sentir el ardor en sus piernas mientras corre a su casa o tal vez el dolor de una relación destrozada. Significa sentir el abrazo de quien esta distanciado; un abrazo que tal vez le exprima las lágrimas. Ese tipo de acercamiento trae de muerte a vida; le permite ser hallado en vez de perdido. Y esa historia siempre termina con vacas gordas, anillos en los dedos y fiestas donde el anfitrión es el Padre; ninguna de las cuales puede ser disfrutada a distancia.
Vivimos en la era de la conexión. Estamos conectados vía correo electrónico, el Internet, los celulares, Blackberries, y los iPods. Y esas son sólo las vías que me vienen a la mente. Estar conectado está siendo catalogado como una necesidad de vida, junto a la alimentación y un hogar. Pero aún con todos los beneficios (que son muchos) que estas tecnologías nos ofrecen, solo nos conectan a distancia. Y nos aislamos en un país lejano.
Como Ken nos señala, lo ideal para una amistad o relación de cualquier naturaleza, es hablar cara a cara. Dios no quiere que su pueblo se relacione entre sí a la distancia o a través de otras personas. Note la belleza física imperante en Génesis 33:4. Cuando Jacob recibe un abrazo; ¿alguna vez ha sentido el calor de un abrazo desde su iPod? Esaú lanza sus brazos alrededor del cuello de Jacob; es un poco duro sentir los ásperos y peludos brazos de tu hermano por medio de un teléfono celular. Esaú besa a Jacob; pregúntele a cualquier enamorado si prefiere experimentar las sensaciones táctiles de un beso o un correo electrónico lleno de animaciones. Y luego los dos hermanos lloran; el Internet puede aumentar el nivel de información en nuestras cabezas, pero ¿puede lograr que barreras de defensa sean destruidas, para que de nuestros corazones broten lágrimas de reconciliación?
Es fácil culpar a estas herramientas, como si ellas fueran el problema. Pero no, el problema está donde siempre ha estado, en nosotros. Preferimos la distancia al acercamiento, y la oscuridad en vez de la luz. Estas herramientas solo nos ayudan a hacerlo con estilo. Andamos por la vida, con objetos en nuestros bolsillos, dándonos palmadas en las espaldas, creyendo que realmente estamos conectados. Pero mirando de cerca a los ojos es donde se revela nuestra alma; estamos solos y preguntamos por qué. Tal vez todos necesitamos uno de esos momentos como el prodigo, “cuando volvió en sí” (Lucas 15:7). El verdadero sentido, como Dios lo ha diseñado, volverá a nosotros a través de los sentidos. Esto significa estar lo suficientemente hambriento como para sentir el dolor en su estomago, o tal vez su corazón. Significa sentir el ardor en sus piernas mientras corre a su casa o tal vez el dolor de una relación destrozada. Significa sentir el abrazo de quien esta distanciado; un abrazo que tal vez le exprima las lágrimas. Ese tipo de acercamiento trae de muerte a vida; le permite ser hallado en vez de perdido. Y esa historia siempre termina con vacas gordas, anillos en los dedos y fiestas donde el anfitrión es el Padre; ninguna de las cuales puede ser disfrutada a distancia.
PeaceMeal es una publicación semanal de Peacemaker Ministries (www.Peacemaker.net). Traducido y distribuido con autorización. Todos los derechos reservados.
Si considera que este PeaceMeal le ha sido de ayuda, siéntase en la libertad de reenviarlo a sus amigos. Si quiere imprimir este PeaceMeal en el boletín semanal de su iglesia o carta informativa, tiene la libertad para hacerlo. Solo le pedimos que no cambie el lenguaje (sin permiso) y que incluya la nota de referencia del libro de El Pacificador (Tomado del libro “El Pacificador: Una guía bíblica a resolver conflictos personales” de Ken Sande, Edición Actualizada (Grand Rapids, Baker Books, 2003) p. 49-50). También le solicitamos que incluyan la siguiente información:
PeaceMeal es una publicación de Peacemaker Ministries. Copyright 2006. Reimpreso con permiso. Para inscribirse a esta gratis publicación semanal (en Inglés), vaya a la página web de Peacemaker Ministries a www.Peacemaker.net.
Si ha escuchado situaciones en las cuales Dios utiliza los PeaceMeals en la vida de sus hijos, nos gustaría escuchar sobre eso .¡Por favor coméntenos sus testimonios!
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